¿Cómo soltar tus MÉRITOS para ser más PRODUCTIVO?

Un día te encuentras en la oficina trabajando y pasa por delante sonriendo tu compañero Bruno. Nunca has tenido ningún problema con él, vuestra relación es cordial.

Pero entonces, sin saber muy bien por qué irrumpe un pensamiento en tu mente.

- ¡Míralo, el listillo del departamento! Seguro que esa sonrisa que lleva es porque ya ha encontrado la forma de ganarse al jefe para ascender de cargo.

Después de este pensamiento tu mente empieza a construir una historia. Cada cosa que pase esa mañana donde intervenga tu compañero Bruno tendrá sabor a “otra estrategia para ascender”.

Imagina que, en la reunión de departamento, el jefe le da una responsabilidad nueva a Bruno y otra a ti, siendo ambas del mismo valor y potencialidad.

En tu mente surge otro pensamiento.

- La nueva responsabilidad de Bruno es más importante que la mía, él va a ascender y yo no. ¡Qué injusto! Está claro que Bruno es el favorito del jefe.

Al rato una compañera te dice:

- Qué amable es Bruno, se ha ofrecido voluntariamente para cambiarme un par de días personales que ya tenía asignados para que pueda ir a ver a mi madre estos días, pues no se encuentra muy bien últimamente.

- Qué bien…

Nuevo pensamiento:

- Encima va de bueno con el resto del equipo. ¡Esto es el colmo! ¿Pero qué se ha creído este tío?

Últimamente tu carga laboral está bajo control, te sientes relajado.

A la hora del almuerzo Bruno se acerca a ti y te pide si puedes ayudarle con una tarea compleja en la que tú tienes más experiencia.

- Lo siento Bruno, estoy ocupadísimo, imposible.

¿Por qué has reaccionado así?

¿Qué consecuencias tendrá para tu relación con Bruno, tu negativa a ayudarle cuando todo el departamento sabe que ahora no hay mucho trabajo?

¿Cómo va a afectar todo esto al equipo a nivel de clima? ¿Y de rendimiento?

¿Cómo ha empezado todo?

Todo ha empezado con un pensamiento. Este:

- ¡Míralo, el listillo del departamento! Seguro que esa sonrisa que lleva es porque ya ha encontrado la forma de ganarse al jefe para ascender de cargo.

El problema no es el pensamiento. El problema es que te has creído el pensamiento como algo real, cuando no tenía ningún fundamento.

¿Por qué y cómo ha surgido? Ciertamente no lo sabemos, pero no importa mucho en realidad.

Insisto, el problema es que nos hemos acostumbrado a creernos todos los pensamientos que nos pasan por la cabeza. Surgen y te los crees. No hay un proceso de verificación.

Nuestra mente es como una maquina tragaperras que al igual que salen 3 figuras en línea, relaciona diferentes conceptos entre sí, a veces sin mucho sentido.

La mente humana asocia ideas para construir historias que le ayuden a interpretar lo que sucede. Le encanta rellenar “huecos”. Cuando falta información surgen pensamientos para tratar de completar la información que falta.

¿Darías como cierta una información que procede de fuentes con una fiabilidad del 50%, por ejemplo?

En resumen,  se nos ha olvidado que, en muchas ocasiones, el resultado de esa asociación de ideas, son posibilidades, no la realidad.

Y claro, imagínate los problemas que pueden surgir si actúas en base a una información falsa.

Para hacer bien las cosas, deberíamos verificar cada posibilidad que plantea nuestra mente, para saber si es verdad o no y actuar en base a eso.

Pero claro, ¿cómo vamos a verificar cada posibilidad que se nos plantea en forma de pensamientos, si no somos conscientes de que éstos, tan solo son combinaciones posibles de varios conceptos que ha captado nuestra mente?

Entonces, como no somos conscientes de esto, nos creemos y damos por hecho todas las asociaciones de ideas que nuestra mente nos pone delante.

Así es cómo llegamos a la situación con Bruno. De una asociación de ideas absurda, construimos una historia falsa y sin fundamentos, por no ser conscientes de que los pensamientos que nuestra mente nos ha puesto delante pueden no ser ciertos. Nos lo hemos creído todo.

Y entonces, hemos actuado en base a esa falsedad y esto lleva a conflictos interpersonales cuyo origen es un pensamiento falso.

Por supuesto, esto tiene graves consecuencias a nivel de productividad individual (darle vueltas a esa historia e ideas y el desgaste emocional de lidiar con las emociones que éstas provocan en ti) y a nivel del rendimiento del equipo (el desgaste emocional de los conflictos que pueden surgir de este tipo de situaciones que luego se traslada a la tarea).

La alternativa es adquirir el hábito de no creernos nuestros pensamientos. Verlos como posibilidades. Combinaciones de nuestra maquina tragaperras particular: una cereza, una sandía y una piña.

¿Y eso cómo se hace?

Lo sé, no es fácil, porque llevamos toda la vida creyéndonos nuestros pensamientos por el simple hecho de que los hemos pensado nosotros.

Es un hábito y los hábitos no se pueden eliminar. Sin embargo, la buena noticia es que los hábitos se pueden sustituir.

Vamos a cambiar el hábito de creer y dar como cierto todo lo que pensamos, para sustituirlo por el hábito de cuestionar todo lo que pensamos y no aferrarnos a ello, aprender a soltarlo.

Para ello requerimos incrementar nuestro grado de consciencia. Es decir, aumentar el número de momentos en los que, durante el día, nos damos cuenta de que estamos teniendo un pensamiento y de que podemos escoger entre creérnoslo o no. Nosotros no somos nuestros pensamientos ni los tenemos en propiedad.

Al principio podemos ayudarnos de un pequeño diario donde anotemos los pensamientos más relevantes que hemos tenido durante cada jornada (con 5 pensamientos basta para empezar).

Ahora pregúntate y escribe:

¿Ese pensamiento es cierto al 100%? ¿Por qué?
¿Qué otras posibilidades existen?
¿Hay alguna experiencia personal que me invita a aferrarme a una sola de esas posibilidades?
¿Esa experiencia personal es algo 100% cierto o también es una interpretación mía sobre lo que sucedió y como tal interpretación subjetiva está sesgada?

Si haces esto todos los días, poco a poco irás siendo más consciente de tus pensamientos y el poder que ahora tienen sobre ti y tu conducta, irá disminuyendo. Ganarás control sobre tu mente y eso te permitirá sentirte más libre y ser más productivo.

Pero esto no acaba aquí

De la misma forma en la que no debes creerte tus propios pensamientos, tampoco deberías creerte las cosas que te dicen los demás, ni las que te gustan ni las que no te gustan, pues no dejan de ser pensamientos que tal vez, las personas que los han generado se han creído también.

¿Cuántas veces has dado por hecho que las opiniones de los demás son ciertas?

Te invito a que pongas en cuarentena todos los mensajes que recibes. No hace falta que lo expreses y cuestiones verbalmente a todo aquel que te diga algo. Simplemente hazlo de forma interna, en silencio. No necesitas que el otro sepa qué haces con sus opiniones.

Tengo dos noticias más antes de terminar.

Una que creo que te gustará y otra que estoy convencido de que no te va a gustar nada.

La que te gustará es que, si no debes creerte las opiniones de los demás, eso incluye no creerte tampoco las críticas que recibes. Así dejaran de afectarte tanto.

De la misma forma que te pasa a ti, a veces los demás emiten opiniones sin tener toda la información verificada o simplemente que se basan en pensamientos aleatorios, que son posibilidades que la mente del otro ha generado y que obviamente no tienen por qué ser ciertas. Y no hay malicia en esto, es más bien ignorancia.

Verifica qué puede haber de verdad en cada crítica recibida teniendo en cuenta todo esto y evita caer en la fustigación y el autocastigo gratuito.

La otra noticia que creo que no te gustará (especialmente a tu ego) es que nada de lo que has hecho tiene mérito. ¿Por qué? Por el mismo motivo.

El mérito es una valoración subjetiva de un resultado, en base a las creencias de las personas que interpretan ese resultado de cómo deben hacerse o ser las cosas.

Esa valoración subjetiva es un pensamiento. Así que no te lo creas. No te creas los halagos que te hacen los demás. Valóralos, agradécelos, pero no te los creas.

No midas tu valor actual como profesional en base al valor que consideras que tú y los demás tiene lo que has hecho a lo largo de tu trayectoria laboral. Es algo subjetivo, unos lo verán valioso y otros no. Nadie tiene la razón real en esto.

Sí, incluso aunque haya un 99% de la gente que piense y diga que algo que has hecho tiene mucho mérito. No te lo creas. Que algo sea aceptado por un mayor número de personas no implica que sea más verdadero.

¿Cuántas teorías científicas en un momento de la historia han sido validadas por la mayoría de los científicos y luego se ha demostrado que no eran ciertas?

¿Qué hago entonces con el mérito?

Empieza el día con la sensación de que no hay ninguna reputación que salvar. Ningún status que mantener.

Comienza de cero. Vivirás más libre. Y en esa libertad, te aseguro que encontrarás la mayor productividad que una persona puede alcanzar.

Usarás tu mente para generar pensamientos que te permitan desarrollar tu creatividad y servir mejor a los demás, no para evaluar si algo tiene mérito o no, ni tuyo ni del resto de personas.

¿Y si no existen las críticas que evitar ni méritos que conseguir, qué me queda?

Tengas el trabajo que tengas, esfuérzate en servir a los demás. Plantéate, ¿cómo puedo ayudar a los demás con mi actividad? Si puedo ayudar a mis clientes y también a mis compañeros, ¿por qué escoger? Ayuda a ambos.

Cuanto mejor y a más gente ayudas y sirvas, mejor te sentirás. En mi experiencia, la sensación que siento después de hacer esto es una paz profunda. Siento que fluyo con lo que hago y no necesito que nadie me dé una palmadita en la espalda y recibir su aprobación. Pero no me creas, verifícalo en tu experiencia. Pruébalo.

Insisto, cuando sabes que haces lo que debes hacer y la sensación de paz interna es un excelente indicador de ello, no necesitas la aprobación de nadie, tal vez tu ego sí, pero no tú.

Y esa libertad de que ya no necesitas la aprobación de nadie es justamente la que te permite ser más creativo, innovador y productivo.

Haz la prueba, compruébalo tu mismo durante un mes. Estaré encantado de que me escribas contándome tus sensaciones.

¿Qué has pensado leyendo este artículo? ¿Te has creído tus pensamientos? ¿O simplemente los has observado como posibilidades?

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