3 CASOS de GESTIÓN EMOCIONAL en el TRABAJO para ser más PRODUCTIVO

¿Te ha pasado alguna vez una de estas situaciones?

a) Tu supervisor o supervisora en el trabajo te ha echado una bronca por una tarea que no has hecho suficientemente bien o qué has entregado tarde.

Tú tratas de explicarle por qué ha sucedido esto pero no te quiere escuchar y sigue echándote la bronca.

Lo único que puedes hacer es asentir con la cabeza y marcharte.

A partir de ese momento, lo que queda de día ya va a ser totalmente improductivo porque no vas a parar de darle vueltas a esa situación vivida.

b) Has tenido una discusión con uno de tus compañeros de trabajo por qué esa persona no ha realizado su parte de una tarea compartida correctamente y ahora tú tienes que corregir sus errores además de hacer tu trabajo.

Le recriminas la calidad de su trabajo y le pides que se esfuerce más, pero esa persona te dice que tú no eres el jefe o jefa y que no eres nadie para decirle eso.

La fuerte discusión que mantenéis os deja a ambos alterados.

La consecuencia es que para lo que resta de la jornada, ninguno de los dos va a ser muy productivo, porque vais a estar pensando en este desencuentro.

c) En el trabajo estás al mando de un equipo de personas y últimamente entregan las tareas tarde y se está muy lejos de conseguir los objetivos que se fijaron a principio de año.

No sabes cómo motivar a tu equipo y tu comunicación con ellos se ha vuelto más brusca y agresiva.

También notas como ellos están muy a la defensiva y toda esta tensión del equipo hace que ni tú ni ellos podáis ser muy productivos, ya que os pasáis gran parte del día dándole vueltas a los pequeños desencuentros frecuentes qué tenéis entre vosotros.

Vistas estas tres situaciones habituales en el ámbito laboral, ¿qué tienen en común todas ellas?

Las tres tienen en común el resultado de baja productividad o rendimiento laboral y que la causa principal es de origen emocional.

A continuación, vamos a ver como una gestión emocional inteligente de cada situación, provocaría un menor descenso de la productividad respecto a lo que suele pasar.

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a) El supervisor o supervisora que te echa la bronca y que no te deja expresarte.

Acabas de salir de su despacho.

Menuda una te ha caído.

Antes que nada, obsérvate.

¿Qué sientes?

Rabia.

¿En qué parte del cuerpo?

En la garganta (no todo el mundo siente las emociones en la misma parte del cuerpo).

¿Qué nivel de intensidad tiene esa rabia del 1 al 10?

8.

En este nivel de intensidad es muy difícil ser productivo.

Toma conciencia de ello.

Antes de continuar con tu trabajo, disminuye un poco ese nivel de intensidad.

¿Cómo?

Tómate un descanso, muévete, date un paseo, haz respiraciones profundas.

Cuando vuelvas, trata de hacer tareas mecánicas, cosas simples que no requieran mucha concentración.

Puede ser que te sientas culpable por no ser productivo, pero debes entender que después de un encuentro así es totalmente normal.

Lo mejor que puedes hacer es irte rápidamente a casa en cuanto llegue la hora de terminar tu jornada laboral. Si tienes flexibilidad en tus horarios, no lo alargues, hoy no.

Una vez llegues a casa y ya con más tranquilidad, seguramente le empieces a dar vueltas (pensamientos repetitivos) de nuevo a la situación.

Normalmente, lo que hace la mayoría de la gente es hablarlo con otra persona, pero eso muchas veces no funciona o incluso empeora la situación.

O bien porque no te entienden y no te sientes comprendido, o bien, porque tu interlocutor echa más leña al fuego y aviva o intensifica tu emoción.

Así que opta por contarle lo que te sucede al papel. A mano mucho mejor que usando los dispositivos electrónicos.

Escribe la situación vivida sin filtros, sin pensar en las faltas de ortografía ni en el tipo de lenguaje que usas. El objetivo es desahogarse.

Cuando ya empiezas a repetir las frases y las ideas, ya ha llegado el momento de parar. Has sacado esa información de tu cabeza. Eso era lo que queríamos para lograr detener el “parloteo mental” de tu mente.

Pero la gestión emocional, no acaba ahí. De hecho, solo ha hecho que empezar.

Ha llegado el momento de entender cómo has llegado a sentir esa emoción. En este caso la rabia.

Vamos a usar una herramienta a la que llamamos “El ciclo de la emoción”.

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Escribe qué emoción sientes y define la situación que ha ocurrido de la forma más neutra posible (sin añadir tu valoración o juicio).

A continuación, observa en cómo tú estás juzgando o valorando la situación vivida.

Nota como eso es una interpretación personal, no es la realidad, es como tú la ves.

Seguro que la otra persona está interpretando la situación de una forma muy distinta a la tuya y de ahí nace el conflicto.

Finalmente, trata de averiguar cuál es la creencia que hace que interpretes esta situación como la estás interpretando.

Esta es la parte más difícil de la gestión emocional. Es un gran reto y requiere de experiencia y especialmente de apertura mental.

Observa cómo la creencia de que “todos (el 100%) los jefes deberían hacer críticas constructivas, sin elevar la voz,y escuchando las explicaciones de sus empleados”, provoca que cada vez que NO SUCEDA eso exactamente, tú sientas rabia.

Si no modificas un poco esta creencia, esto va a ser así siempre. Es causa-efecto, es como algo automático.

Permítete modificar un poco la creencia. Vamos a poner un ejemplo.

Podría ser que hubiese supervisores o supervisoras que tengan por costumbre elevar el tono en su comunicación verbal cuando se enfadan y que además, no permiten que sus empleados o empleadas les repliquen su punto de vista. Pongamos que se trata de un 50% de los jefes o jefas.

En tu creencia, esta posibilidad no tiene cabida pues tú pretendes que el 100% de los jefes o jefas sean como tú crees que deberían de ser.

Nota como cuando vuelva a suceder esta situación en tu vida. Vuelves a tener la oportunidad de flexibilizar tu creencia.

Imagina que tu jefe o jefa ha vuelto a actuar de la misma forma.

¿Qué eliges, enfadarte porque esta persona no se adecúa a como tú crees que deberían de ser los jefes? ¿O entender que es uno de esos jefes del 50% que actúan de forma autoritaria?

No te pido que estés de acuerdo con ello, simplemente que aceptes que la realidad que estás viviendo es esa. No inviertas energía en tratar de cambiarla porque no está en tu mano, no vas a cambiar el comportamiento de tu jefe o jefa. Es inútil.

Cuando entiendes e integras esto, tu vida se transforma porque ya no te sientes tan esclavo de tus emociones.

Claro que no es agradable tratar con ese supervisor o supervisora, pero hasta que no aceptes que esta experiencia la tienes que vivir para flexibilizar tu creencia, seguirá ocurriendo.

Es la única forma que tiene la vida de enseñarte a flexibilizar tus creencias.

Siguiendo el ejemplo, una creencia más flexible sería, hay un 50% (en lugar del 100%) de jefes o jefas que se enfadan y no dejan hablar.

Y en base a mi experiencia personal puedo afirmar que, en muchas ocasiones, cuando aceptas la situación y la rabia que te genera porque has entendido la creencia que hay detrás y la has flexibilizado, la situación cambia.

O tu jefe o jefa cambia su comportamiento, o esa persona deja de ser tu supervisor, o cambias de trabajo, por poner tres ejemplos.

Fíjate que en última instancia, las emociones funcionan como notificaciones que nos avisan de que tenemos creencias por flexibilizar. Es decir, abrirnos a otras posibilidades y no exigirle a la vida que sea de una manera determinada.

En este vídeo puedes ver algunas creencias nuevas respecto a este tema que tal vez no te habías planteado.

b) Tienes un conflicto con uno de tus compañeros de trabajo por qué no ha realizado su parte de la tarea correctamente, y eso te perjudica a la hora de hacer tu parte.

En realidad, la manera de gestionar la emoción es la misma que en el caso anterior (disminuir la intensidad emocional, irte a casa pronto, desahogarte escribiendo en un papel), lo que cambia como es obvio, es el ciclo de la emoción.

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Sientes rabia porque tu compañero o compañera se enfada cuando le recriminas la calidad de su trabajo, debido a que al ser una tarea compartida, si no está bien hecha te afecta negativamente cuando tienes que hacer la tuya.

Lo que tú estás interpretando es que esa persona siempre (el 100% de las veces) debería aceptar sin enfadarse que le digas cuál es la calidad mínima exigida de su trabajo, cuando este te afecta a ti.

Sin embargo, tú tampoco estás aceptando que esa persona se enfade o que tenga otro punto de vista distinto al tuyo.

Tu interpretación es que tu compañero o compañera es una persona que realiza un trabajo de baja calidad y que le da igual que luego eso te perjudique.

Para ti es un mal compañero, pero el hecho de que encima se enfade cuando le dices que lo está haciendo mal, hace que te subas por las paredes.

Tu creencia en este caso, podría ser la siguiente: cuando hay tareas compartidas, los compañeros siempre (el 100% de las veces) deberían de esforzarse para hacer el trabajo con la máxima calidad posible, ya que tú consideras que también ofreces eso.

Observa como en esta creencia no existe la posibilidad de que tus compañeros tengan un nivel de exigencia diferente al tuyo.

Entonces, muy probablemente lo que va a suceder, es que la vida te va a poner esta situación en frente tantas veces como sea necesario, hasta que te des cuenta de que no todo el mundo trabaja de la misma forma, te guste o no.

Y esta situación también te enseña que cuando tú exiges ese nivel de calidad en el trabajo, por mucho que a ti también te lo exijan, no puedes evitar que el otro se enfade cuando se lo dices. El hecho de que se enfade está fuera de tu control.

Así que vuelves a tener la oportunidad de flexibilizar tus creencias, y entender que hay un 50% (por ejemplo) de compañeros que no tienen tu mismo nivel de exigencia, y que por lo tanto, ya debes contar con eso (esta sería una creencia más flexible).

Como en el caso anterior, insisto, no te estoy diciendo que estés de acuerdo con esta idea, pero sí que aceptes que esto es lo que te está tocando vivir y que como todo tiene una función en tu vida. En este caso, la de flexibilizar tu creencia.

Estoy convencido de que cuando vuelva a suceder la misma situación, vas a ser mucho más consciente de lo aferrado que estás a la creencia de que todo el mundo debería de tener tu mismo nivel de exigencia.

Si no quieres volverte a enganchar con la rabia y tener este conflicto de nuevo, que al final perjudica gravemente a tu productividad, la clave está en aceptar que la exigencia en la calidad del trabajo varía mucho entre las personas.

Una vez liberado de esta carga mental, puedes tomar algunas medidas para facilitar a la otra persona que alcance el nivel de calidad mínimo que realmente tú necesitas (no el que deseas), pero es muy importante el cómo lo dices y hasta dónde vas a exigir.

Para terminar este caso, observa cuál podría ser el ciclo de la emoción de tu compañero o compañera de trabajo.

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Observa como aquí también puede flexibilizarse la creencia. En este caso, podría ser la siguiente: hay compañeros de trabajo (un 50% por ejemplo) que quieren que las tareas se hagan exactamente como ellos quieren y les exigen ese nivel de detalle a sus compañeros.

No pido que estés de acuerdo, pero sucede. Entiende que hay compañeros así y no te lo tomes como algo personal.

Si tratas de imaginar (y en este caso lo puedes ver porque lo acabamos de trabajar) cuál es el ciclo de la emoción del otro, eso te permite empatizar y no tomarte las cosas como algo personal. En definitiva, te ayuda a flexibilizar tu creencia.

Aquí puedes ver un par de vídeos más en el que se exponen diferentes creencias.

c) Tu equipo de colaboradores que trabaja contigo últimamente presenta un bajo rendimiento.

Como en los dos casos anteriores, el principio de la gestión emocional es la misma, así que vamos directamente al ciclo de la emoción.

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La situación es que tu equipo últimamente está entregando las tareas tarde y están lejos de cumplir los objetivos.

En este caso, la emoción que sientes es la frustración.

Tu interpretación es que tu equipo está teniendo un bajo rendimiento, que están muy poco motivados y que demuestran un bajo nivel de compromiso.

No sabes qué hacer para motivarles y ves que es difícil darle la vuelta a la situación.

Además, consideras que son poco maduros porque en la comunicación contigo siempre están a la defensiva y así es muy difícil trabajar.

Observa como una de las creencias que podrías tener en este caso, es que tu equipo siempre (el 100% de las veces) debería tener un alto rendimiento y en caso de que tengan algún problema, deberían aprender a resolverlo por ellos mismos.

Por decirlo de otra manera, nunca deberías de vivir una situación como la que estás viviendo ahora.

Nota como vuelves a exigirle a la vida que sea de una forma determinada y que hay muy poca flexibilidad en estas creencias que acabamos de comentar.

Una creencia más flexible sería que tal vez, hay momentos (pongamos un 30%) en los cuales la acumulación de distintas situaciones que no se han atendido debidamente, generan comportamientos diferentes a lo habitual, que afectan negativamente al rendimiento laboral de los equipos.

Otra creencia que también presenta una mayor flexibilidad, sería que hay ocasiones en las cuales el equipo por él mismo puede resolver y reconducir una situación, y en otras es el supervisor o supervisora quién tiene que poner cartas al asunto para desencallar la situación.

De este modo, todo resulta mucho más sencillo.

De alguna forma, si flexibilizas tu creencia, tendrás una visión más ligera y con menos carga emocional, que te permitirá pasar a la acción más rápidamente.

Prueba de escuchar a tu equipo sin juzgarles y estudia cómo puedes aportarles los recursos necesarios, para que se pueda salir de esta situación que afecta a todos.

Date cuenta como antes de tomar medidas (como se suele hacer habitualmente), primero debes aprender a gestionar tu propia emoción y revisar tus creencias sobre cómo deberían de ser las cosas.

A partir de ahí, es mucho más fácil actuar y empatizar con el equipo, ya que es obvio que es muy complicado escuchar a tu equipo cuando te sientes atacado por él.

Por eso, la forma más rápida de cambiar esta dinámica para mejorar la productividad, es primero gestionar tus propias emociones y creencias y luego tratar de entender las emociones y creencias de los demás.

Todo ello para llegar finalmente, a un punto medio en el cual todas las personas se sientan cómodas y con ganas de tirar la situación hacia adelante.

Aquí puedes ver un vídeo donde se plantean creencias flexibles para gestionar a un equipo.

Gestionadas las emociones es momento de gestionar la parte racional del asunto.

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¡Ahora es tu turno! ¿Qué sueles hacer tú para gestionar tus emociones en estos casos? ¿Cómo te afectan los conflictos en tu productividad? Déjame tus impresiones en el apartado de comentarios : ) ¡1000 gracias!

¡Un abrazo y gracias por leer hasta aquí!

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